Se sitúa en el territorio donde la pintura deja de ser representación para convertirse en un acto de desgarro. La obra no narra un suceso literal, sino un proceso interno: la sensación de que algo esencial es arrancado, arrebatado o expuesto en plena oscuridad emocional. Salvador Megías Carmona construye aquí una alegoría de la pérdida profunda, aquella que no se ve pero que transforma la estructura íntima del ser.
La figura —o su rastro— aparece suspendida en un espacio ambiguo, casi ritual. No es un cuerpo, sino una presencia fracturada que parece desdoblarse entre lo que permanece y lo que se escapa. La composición, deliberadamente tensa, dirige la mirada hacia un punto de ruptura donde el color se intensifica y el gesto se vuelve más violento. Allí, en ese núcleo de energía pictórica, se insinúa el momento del “robo”: un instante que no se describe, sino que se siente.
El color funciona como un lenguaje emocional autónomo. Los tonos oscuros envuelven la escena como una noche interior, mientras que los acentos más intensos —rojos, carmines, ocres o el color que hayas utilizado— actúan como heridas abiertas en la superficie del cuadro. No hay contraste gratuito: cada variación cromática responde a un estado afectivo, a un pulso interno que atraviesa la obra. La materia pictórica, con su textura y su gesto, refuerza la idea de un alma que no se pierde de forma silenciosa, sino con resistencia.
El surrealismo aquí no es un ejercicio de fantasía, sino un medio para hablar de lo que no puede expresarse de manera directa. La obra se mueve entre lo simbólico y lo visceral, entre la imagen y la sensación. El espectador no recibe una explicación, sino una invitación a entrar en un espacio emocional donde la identidad se fragmenta y se reconstruye. La pieza no busca resolver el conflicto que plantea; lo mantiene abierto, vibrante, respirando.
Dentro del conjunto de mi producción, El robo de mi alma… destaca por su capacidad de condensar gesto, símbolo y narrativa emocional en una sola imagen. Es una obra que no solo se contempla: se experimenta. Su fuerza reside en la manera en que convierte una vivencia íntima en un lenguaje visual universal, capaz de resonar en cualquiera que haya sentido alguna vez que algo esencial le fue arrebatado.
Un gran pintor Goya, una de sus grande series de pintura pertenecientes a su época negra y cuando pierde la audición, es lo que me impulsa a crear esta alegoría.
Dejo un enlace del gran divulgador Antonio García Villarán que nos habla sobre parte de la obra que realizo por encargo de la IX duquesa de Osuna y que preceden a su época negrahttps://youtu.be/qf8TFnqQ7xY?t=79
en el video dejo parte del proceso de como hice esta obra que espero que os enganche con tal fuerza como a mi cuando me robaron el alma os dejo el enlace a mi serie de alegorías para que podáis ver el resto de obras y por favor suscribiros a mi newsleltter para así tener una acceso mas rápido a mis nuevas creaciones. https://salvadormegiascarmona.com/categoria/pinturas/alegorias-y-surrealismo/
Una nueva obra que la englobó en mi serie de alegorías
Lienzo 81/100
Técnica acrílica y oleo.
Fecha 17/09/2024
2.500,00 €
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